El hub aéreo más importante del país es el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el cual opera a través de dos terminales las cuales en suma representaron en 2017 el traslados de 44.7 millones de pasajeros traducidos en 449 mil vuelos entre domésticos e internacionales.

Sin embargo la capacidad actual está rebasada, tanto que de hecho en 2014 se emitió la declaración de saturación ya que su capacidad máxima debe ser de solamente 32 millones de pasajeros y de 365 mil vuelos anuales.

Este exceso, de acuerdo con estadísticas del Diario Oficial de la Federación (2014-2017) significa para los usuarios y vuelos un riesgo en su seguridad, además que se ve disminuida la calidad en los servicios ofrecidos y se aumentan los costos tanto para pasajeros, como para las aerolíneas.

Ante este escenario la construcción de un Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México se hizo necesario desde 2014, año en el que se dio el anuncio de su edificación. Sin embargo la pugna por definir cuál es el mejor lugar para desarrollarlo continúa, tanto que se siguen haciendo estudios e incluso se ha propuesto hacer una consulta ciudadana para definir si se sigue con el proyecto en el Lago de Texcoco o bien en la zona de Santa Lucía.

Un reciente informe del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) reveló que el año pasado el actual complejo aéreo de la capital de país se colocó en la posición 67 de 137 en calidad de infraestructura aeroportuaria y en el 51 en el rubro de la competitividad de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Por si ello fuera poco se ubicó en el último sitio en logística comercial entre los 36 países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

El megaproyecto por otro lado ha sido modificado del original, ya que las estimaciones realizadas con anterioridad establecían un incremento de 42 millones de pasajeros para el 2021, sin embargo nuevas proyecciones estimaron que se llegaría a un flujo de 55 millones de usuarios, mientras que los tonelajes de carga pasarían de 508 a 634 millones.

Dicho aumento también se vio reflejado en su inversión al crecer 70%, ya que en principio el coste original era de 169 mil millones de pesos y con esta reestructuración realizada durante este 2018 ahora es de 285 millones de pesos.

La financiación del Nuevo Aeropuerto, ya con esta actualización, será realizada por la inversión pública en un 10% mientras que el 90% restante provendrá de la iniciativa privada de acuerdo con Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México; instancia que también señala que hasta el momento ya se cuenta con el 70% del costo de la obra.

Si tras los estudios y la valoración ciudadana de la construcción de este aeropuerto que se tiene planeada en próximas fechas, no favorece a continuar la obra en el lago de Texcoco, entonces el costo de cancelación equivaldría al 42%de la inversión total sin edificarlo, es decir 120 mil millones de pesos por contratos, liquidación de trabajadores, penalizaciones y gastos no recuperables.

El IMCO tras realizar este análisis minucioso insta a continuar con el proyecto original considerándolo como la mejor opción para satisfacer la creciente demanda de transportación aérea de México; a fin de seguir fomentando el crecimiento económico, el desarrollo regional y por supuesto incrementar el flujo de turismo nacional e internacional.

A pesar de que existen riesgos e ineficiencias administrativas de acuerdo con el estudio del IMCO (que es un centro de investigación que propone soluciones a los desafíos más relevantes del país) el megaproyecto representa más ventajas, que desventajas, dejando en claro que deben hacerse ajustes para obtener los beneficios sociales esperados.

En conclusión el aeropuerto tras estos argumentos se torna más una necesidad, que un lujo e incluso un capricho; y más si lo vemos en términos de Industria de Reuniones que siempre ávida de captar eventos internacionales y nacionales, el Nuevo Aeropuerto en la capital del país contribuiría más en la captación y postulación de candidaturas para grandes encuentros, así como en el desarrollo de la propia industria.

Con información del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)

 

 

 

 

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