Considero que todos somos conscientes de que nos encontramos en un momento clave de la historia de la humanidad. Un momento ante el cual no podemos cerrar los ojos. No podemos dar la espalda a esta realidad que nos está tocando vivir, y sobre todo no podemos engañarnos ni dejarnos engañar.

Hemos creado un entorno inimaginable tan sólo hace unos años, como lo es un entorno global, dinámico, cambiante, sobre comunicado, sobredimensionado, tremendamente complejo y más competitivo que nunca. Un entorno que no va a cambiar. Y no va a hacerlo, por cuanto que las especiales características que lo definen van a seguir reforzándose unas a otras.

Con independencia de que las crisis pasen, que por supuesto pasarán, este entorno va a seguir siendo cada vez más global. Hacer negocios no va a resultar nunca tan relativamente fácil como hasta ahora, al menos, para los que no sean capaces de unirse, para adaptarse al medio y crecer juntos. Esta es la clave.

En un entorno así, con estas expectativas y por duro que resulte, no podemos plantearnos con sobrevivir, ni siquiera, con ser competitivos. En un entorno global sólo cabe ser altamente competitivos, algo que sólo puede suceder desde el valor del equipo. Por ello tenemos que hacer de nuestras organizaciones auténticos equipos. El gran equipo de personas comprometidas, un equipo de personas competentes, y sobre todo un equipo de personas felices. Un equipo que no tiene tanto que ver con la cantidad de personas que lo forman, como con la calidad humana de las mismas.

En este marco, debemos considerar que un gran porcentaje de las organizaciones no son auténticos equipos, pero la buena noticia es que el cien por cien tienen el potencial para serlo. Esto quiere decir que todavía hay mucho que podemos hacer, todavía hay mucho que está en nuestras propias manos hacer, para cambiar la realidad.

Y para hacer esa necesaria e inevitable transformación se necesita visión, criterio y pasión. Una nueva visión que nos haga creer más en las personas (creer para crear y para crecer). Y una nueva visión de la organización más fresca, limpia y coherente que ayude a desarrollar el valor más importante que tenemos, que es el valor del equipo. Con modelos y herramientas que permitan pasar a la acción. Y la tan necesaria pasión que ayude a crear y mantener un auténtico espíritu de equipo.

La experiencia con equipos y organizaciones nos ha demostrado que el simple hecho de abrir una nueva visión en la gente y de asumir un auténtico compromiso institucional para empezar a desarrollar la idea de que “en equipo se puede soñar en grande”, precisamente en los momentos más complicados, mejora significativamente y de inmediato el liderazgo, y así como la percepción de valor, la motivación, el compromiso y la competencia de los profesionales, es decir, genera resultados a muy corto plazo.

La experiencia también nos está demostrando que el desarrollo de auténticas culturas de equipo, y la implantación de modelos y metodologías eficaces de gestión y desarrollo del talento, trae retornos a mediano plazo muy superiores a lo esperado, incluso en plenas crisis.

A nadie se le escapa que las organizaciones más competitivas con independencia de su tamaño, sector y antigüedad, lo son precisamente por haber hecho una firme apuesta por el talento. La experiencia también nos está demostrando que las crisis están siendo una oportunidad para muchas organizaciones, precisamente las que están basando su competitividad en el concepto deGran Equipo”.

Sin embargo, a pesar de que ya prevemos que los distintos mercados van a ser liderados por bastantes menos organizaciones, pero mucho más competitivas, precisamente las que mejor han sabido adaptarse. A pesar de que si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos lo mismo. A pesar de que la situación actual requiere de una mente abierta y de una actitud absolutamente proactiva y dinámica, genera la sensación de que estamos adormecidos.

Adormecidos en cuanto a la generación de nuevas ideas y respecto a la asimilación y puesta en marcha de nuevos paradigmas. Parece que una vez más encontramos excusas para no hacer, lo que tenemos que hacer, en el momento que lo tenemos que hacer. Siempre encontramos un pero, para postergar aquello que es prioritario. Nos centramos en poner parches, en lugar de cambiar nuestro modo de pensar, de sentir y de hacer.

En el entorno actual no hay nada más rentable que desarrollar el valor del equipo en las organizaciones. Nada más rentable para todos, organizaciones, personas y para la sociedad en general. Ninguna otra opción, además, es viable.