Hay algo interesante en revisar un programa antes de que comience un congreso: permite descubrir, incluso antes de escuchar la primera conferencia, cuáles son los temas que ocupan la mesa de quienes hacen una industria.
Eso ocurre con el CNIR 2026. Del 8 al 11 de septiembre, Querétaro recibirá un programa en el que conviven inteligencia artificial, liderazgo, sostenibilidad, tecnología, impacto, ventas, geopolítica y diseño de experiencias. Temas distintos entre sí, pero que juntos dibujan un sector que ya no puede mirar su actividad únicamente desde la producción de eventos.
La pregunta, entonces, no es solamente qué habrá en el escenario, sino si esa agenda realmente retrata lo que hoy está pasando en la industria de reuniones.
La tecnología ya no es una novedad
La inteligencia artificial ocupa un lugar evidente. La participación de Marcio Aguiar, director de Enterprise de NVIDIA LATAM, parte de una de las preguntas que más inquietan actualmente a los profesionales: cómo aprovechar la tecnología sin perder aquello que hace valioso al encuentro presencial.
A esto se suman la participación de Vilma Núñez y distintas sesiones sobre inteligencia artificial, visibilidad digital y nuevas herramientas para la operación de los eventos. Incluso hay un taller dedicado a construir una “suite tecnológica” para cada evento, una idea que resulta reveladora: el reto ya no parece ser conocer herramientas, sino saber cuáles realmente vale la pena incorporar.
La IA dejó de ser una promesa lejana. Ya se utiliza para analizar información, automatizar procesos, personalizar contenidos y facilitar la relación con los asistentes. El siguiente paso es más complejo: aprender a utilizarla con criterio.
Y quizá ahí está uno de los cambios más importantes. La tecnología puede hacer más eficiente una operación, pero no necesariamente hace mejor un evento. Esa diferencia obliga a los profesionales a decidir qué tareas pueden automatizarse y cuáles siguen necesitando criterio, creatividad y, sobre todo, conocimiento de las personas.
De las buenas intenciones a los resultados
Algo parecido ocurre con la sostenibilidad. En el programa del CNIR no aparece como un tema aislado, sino vinculado con la manera en que se diseñan y producen las reuniones.
Hay un taller para desarrollar un evento sostenible y otro dedicado a la evolución de los DMC hacia experiencias con propósito, incorporando sostenibilidad e impacto social. El viernes, además, la sesión Impacto y Legado: ¿Un gasto o una innovación en el negocio? plantea una pregunta que va más allá de la responsabilidad ambiental.
Porque el sector también está enfrentando la necesidad de demostrar resultados.
Durante años, hablar de sostenibilidad podía quedarse en buenas intenciones. Hoy la discusión comienza a ser distinta: qué se hizo, qué cambió, qué impacto produjo y qué permanece cuando los asistentes ya se fueron.
La misma exigencia aparece cuando se habla del valor de una reunión. Ya no basta con contabilizar participantes o llenar una sala. Hay que entender qué produjo ese encuentro para una empresa, una asociación, un destino o una comunidad.
Vender también está cambiando
El programa dedica varios espacios a otro asunto menos espectacular, pero fundamental para cualquier empresa: vender.
Los talleres sobre RFP, venta de intangibles B2B y propuestas de destino hablan de un mercado en el que competir únicamente por precio resulta cada vez menos suficiente. Las sesiones sobre venta de valor y la relación entre reuniones y geopolítica amplían todavía más esa discusión.
El contexto también pesa en las decisiones. Los destinos compiten, las empresas revisan presupuestos, los compradores son más exigentes y factores económicos y políticos pueden modificar una elección que antes parecía puramente comercial.
Por eso, entender el negocio detrás de una reunión se vuelve tan importante como saber producirla.
Y después está lo que no cabe en una agenda
Hay otro elemento que difícilmente puede medirse en un programa académico: lo que sucede entre una sesión y otra. El CNIR ha destinado espacios concretos para facilitar encuentros entre profesionales, desde el Speed Dating entre patrocinadores y Hosted Buyers hasta la Zona de Experiencias, las comidas, reuniones sociales y cenas.
Pero el networking no ocurre automáticamente porque haya una agenda diseñada para hacerlo posible. Requiere salir de los círculos conocidos, acercarse a alguien con quien nunca se ha trabajado, preguntar, escuchar y compartir lo que cada empresa está buscando.
Una reunión puede comenzar con una presentación de cinco minutos y terminar meses después en un proyecto, una alianza, un cliente o una idea que no existía cuando dos personas se sentaron a la mesa.
Esa posibilidad es, de hecho, una de las características más particulares de un congreso como el CNIR: poner en un mismo espacio a empresarios, organizadores, destinos, recintos, proveedores y profesionales que difícilmente coincidirían de la misma manera en su día a día.
Una industria que necesita mirar más lejos
La agenda incorpora también liderazgo, turismo de romance, storytelling, productividad de equipos y el papel de las reuniones en las relaciones entre países.
Visto en conjunto, el programa dice algo importante: el profesional de reuniones necesita hoy una mirada mucho más amplia que la que exige producir un evento.
Tiene que entender de tecnología y negocios, pero también de personas, destinos, comportamiento, sostenibilidad y del entorno que puede afectar una decisión. Necesita saber vender, dirigir equipos, interpretar tendencias y demostrar resultados. ¡Casi nada, ja ja ja!
Eso explica por qué el CNIR 2026 resulta interesante más allá de sus conferencias. El programa parece responder a una industria que está tratando de resolver varias preguntas al mismo tiempo: cómo incorporar tecnología sin deshumanizar los encuentros, cómo producir de manera más responsable, cómo demostrar el impacto de lo que hace y cómo seguir siendo relevante en un mercado que cambia con rapidez.
¿Retrata entonces lo que mueve hoy a la industria?
Probablemente sí, aunque no porque reúna todos los temas posibles, sino porque deja ver una preocupación que atraviesa buena parte de su agenda: cómo evolucionar sin perder el sentido de lo que hacemos.
Y quizá esa sea la premisa que vale la pena llevarse de Querétaro. No solamente qué herramienta nueva conocer, qué tendencia incorporar o a quién conocer durante el congreso, sino qué necesitamos cambiar en nuestra propia manera de trabajar.
Porque después de tanta tecnología, automatización e inteligencia artificial, hay algo que sigue siendo difícil de sustituir: estar en el mismo lugar con las personas que pueden cambiar lo que viene después.
¡Nos vemos en Querétaro!
Luis Díaz, presidente de COMIR, y Miguel Cruz, director del CNIR
Luis Díaz, presidente de COMIR, y Miguel Cruz, director del CNIR
























