A casi ocho años de su fundación, ATR atraviesa un proceso de reestructuración profunda. Lo que comenzó en 2018 como una asociación de crecimiento acelerado hoy vive una etapa de consolidación que, según su presidente Javier Gámez, Presidente de ATR no solo es administrativa, sino también conceptual.
El ascenso acelerado


Fundada en 2018, ATR vivió un crecimiento poco común para una asociación joven. En sus primeros años asumió el liderazgo del Pabellón México en IMEX Frankfurt, en un momento en que la representación gubernamental fue limitada. “Fue una asociación niña prodigio. Inmediatamente que nació se puso a liderar el pabellón mexicano en IMEX. Armó el pabellón completo de México con la marca país”, explicó Gámez.
El impacto fue inmediato. La membresía escaló hasta 86 socios en apenas tres o cuatro años. Pero ese crecimiento coincidió con la pandemia. Y lo que sube rápido, sin bases sólidas, puede caer igual de rápido. “Así como creció de forma exponencial, se redujo a una mínima expresión”.


Cuando Javier Gámez asumió la presidencia hace poco más de un año, encontró seis socios activos y una estructura debilitada. “El panorama no podía ser peor. Había estragos jurídicos, corporativos, financieros… y también de credibilidad”.
La decisión incómoda: no crecer
Frente a ese escenario, la tentación pudo haber sido volver a acelerar. Pero la estrategia fue otra: “Pude haber dicho: si lo hicimos una vez, lo hacemos dos. Pero primero había que recomponer todo”. La prioridad fue limpiar lo administrativo, saldar pendientes, revisar estatutos y fortalecer la estructura legal. Después, concentrar esfuerzos en la base fundacional: Ciudad de México.

“No podemos dejar de cuidar la base por andar tratando de ayudar al interior del país. Es como en el avión: primero te pones tú la mascarilla y luego ayudas al de al lado”. Los capítulos estatales dejaron de operar formalmente, aunque permanecen asociados individuales en Oaxaca, Yucatán y Querétaro. Hoy ATR cuenta con 23 miembros y la meta es cerrar la gestión con 30 socios consolidados.
“Ahora sí tenemos un proceso de admisión. No cualquiera puede afiliarse. Y no es elitismo; es intención”. Se creó un comité de membresías y un código de ética. El objetivo es que quien ingrese entienda qué significa pertenecer. “En México se piensa que por pagar una membresía vas a recibir servicios específicos. Y no es así. Las asociaciones son una plataforma donde gente con intereses comunes trabaja en equipo fuera de sus empresas”, afirmó Javier.
La conversación que incomoda al gremio


Sin embargo, la parte más disruptiva de la entrevista no es la reestructura interna de ATR. Es la crítica frontal al discurso del sector. “Seguimos hablando de derrama económica y del porcentaje del PIB. Pero ese discurso no lo compra nadie fuera de nuestra industria”.
Gámez recuerda que durante la pandemia la industria de reuniones fue de las últimas en reactivarse, incluso después de espectáculos deportivos y centros nocturnos. “Eso es porque no tenemos capacidad de gestión. Nuestro argumento es débil”.
Desde la creación del Consejo Mexicano de la Industria de Reuniones en 2016, el gremio ha avanzado en coordinación. Pero, a su juicio, sigue faltando profundidad. “No es que falte seriedad. Falta profundidad de pensamiento. Nos gustan las cosas rápidas, los congresos donde todos salen motivados… pero no nos sentamos a preguntarnos para qué servimos”.
Para él, la industria no vive de cuartos noche. Vive de algo mucho más poderoso. “Nuestro negocio es establecer contactos humanos, intelectuales, comerciales. Cuando entendamos la trascendencia real de nuestra industria, tendremos una industria madura”.
¿Qué deja esta presidencia?
El periodo de Javier Gámez concluye el 31 de marzo. Su objetivo no es dejar cifras espectaculares, sino una estructura funcional. “Mi intención única es dejar una membresía sólida que entienda qué es una asociación y que el nuevo presidente no tenga que preocuparse por temas administrativos, sino por proyectos de desarrollo”.
ATR entra en una etapa distinta. Menos eufórica, más estructurada. Menos adolescente, más consciente.
Finalmente Javier Gámez menciona: “No tenemos que vender lo que queremos vender. Tenemos que vender lo que quieren comprar. Y lo que realmente hace la Industria de Reuniones es generar bienestar, conexiones y transformación”.
La pregunta que deja abierta no es solo el futuro de ATR. Es si la industria de reuniones está lista para madurar su discurso… o si seguirá repitiendo cifras que ya no convencen a nadie.
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