Por Linda Garzón Rocha, Meet4Impact
Hay algo que las ferias tienen y de lo que muchas veces no somos conscientes: el tiempo. No el tiempo que dura el evento, ese lo medimos hasta el minuto, sino el tiempo que una feria acumula edición tras edición, territorio tras territorio, industria tras industria. Y es precisamente ahí donde está su poder más subestimado para lograr transformaciones profundas y reales de forma intencional, planificada y estratégica, dentro de una visión de negocio.
Llegué al Congreso AFIDA, bajo el liderazgo de Fernando Gorbaran en la presidencia y Valeria Martínez en la dirección ejecutiva, en Bucaramanga, un destino que me sorprendió gratamente, representando a Meet4Impact. Me fui con algo que no tenía en la maleta cuando entré: la confirmación de que la industria ferial latinoamericana está, lenta pero firmemente, poniéndose los lentes del impacto. No siempre lo llaman así, no siempre lo saben… pero definitivamente lo está haciendo. Y desde la inauguración, las señales estaban ahí para quien supiera leerlas.
La primera: que la Cámara de Comercio y la Secretaría de Competitividad y Productividad de Santander abrieran el congreso no fue protocolo, fue un mensaje. Las ferias no son solo eventos; son puentes entre una industria y el territorio que las acoge, y el destino anfitrión lo tiene claro.
La segunda llegó desde Corferias, que puso sobre la mesa inspiración con hechos tangibles: su certificación como Empresa B no es un logro de marketing, sino el resultado de 20 años de decisiones coherentes, donde la lógica del negocio y la generación de impactos positivos van de la mano.
La tercera vino de las voces de las asociaciones nacionales de la industria: AIFEC, UBRAFE, AFE y AOCA hablaron con claridad sobre la necesidad de reconfigurar la visión de la industria ferial hacia el legado que le estamos dejando a las próximas generaciones. Y en esa misma línea, el lanzamiento de la Net Zero Carbon Events Academy apareció como una apuesta concreta para construir capacidades que permitan reducir los impactos ambientales que la industria inevitablemente genera.
Luego vino la parte que más me mueve estando en estas canchas del impacto y el legado: la medición, un punto donde la conversación se pone incómoda, y eso es exactamente lo que necesitamos. Está el impacto económico y fiscal (con avances increíbles presentados por Gastón Utrera y Daniel Quinteros), fundamental, sí, pero hay otra pregunta que es todavía más poderosa: si esta feria no se hubiera hecho, ¿qué habría dejado de cambiar en la industria y en el territorio? Esa pregunta no la responde ningún indicador estándar. Encontrarle respuesta y tener el rigor para responderla es el gran reto pendiente de la industria ferial en la región.

El congreso me dejó una frase que quiero compartir con quien lee esto: crecer significa cambios y cambiar significa riesgos. Hablar de impacto en ferias va a generar preguntas incómodas; bienvenidas sean, porque si no nos las hacemos, ¿cómo vamos a trascender y crecer?
Estamos en un sector privilegiado. Las ferias son transversales al tiempo y al espacio, y eso, bien entendido, es una oportunidad de impacto que el sector todavía está aprendiendo a dimensionar. La región ya está sentando precedentes; ahora falta, además, nombrarlo, accionarlo con formación para los equipos, planear intencionalmente los cambios que queremos lograr y, por supuesto, medirlos.
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Linda Garzón Rocha es una profesional orientada a resultados, con más de 15 años de experiencia liderando iniciativas estratégicas y proyectos de gran escala en el sector turístico de Latinoamérica. Su trayectoria ha estado guiada por una convicción clara: las transformaciones más significativas ocurren cuando las personas se unen con pasión y propósito.
Colombiana de corazón y alma, se ha especializado en impulsar el crecimiento sostenible y en construir alianzas estratégicas entre entidades gubernamentales, organizaciones internacionales y el sector privado. Comprometida con la generación de impacto positivo, ha encabezado proyectos transformadores que fortalecen las economías locales, promueven el desarrollo sostenible y contribuyen al posicionamiento de los destinos latinoamericanos en el escenario global.
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