El Mundial 2026, aún y cuando pareciera ser la “fiesta” de fútbol más grande del mundo, que prometía generar una derrama económica histórica para las 16 ciudades sede entre México, Estados Unidos y Canadá, ha comenzado a dejar una lectura sobredimensionada y menos optimista para el sector hotelero de lo que prometió.
Ya que el organismo presidido por Gianni Infantino, que asegurara que el torneo con 48 selecciones, 104 partidos y la asistencia de más de seis millones de aficionados, impulsaría una ocupación hotelera sin precedentes. En realidad ha resultado ser otro elefante blanco, gracias a una más de las mentiras de la FIFA.
Pues en una encuesta realizada por la American Hotel & Lodging Association (AHLA) entre hoteles ubicados en las 11 sedes estadounidenses, reveló que el 80 % de estas propiedades ha registrado reservas de habitación por debajo de las proyecciones prometidas inicialmente, por lo que apenas una cuarta parte de los encuestados ha reportado un incremento significativo en la demanda de hospedaje.
Resultados, que coinciden con un análisis publicado por Sports Travel, que comparó el comportamiento hotelero entre el 11 y el 21 de junio de 2026 con el mismo periodo del año pasado. Y en el que aún algunos destinos mostraron ligeros incrementos en ocupación, el balance general ha sido inferior a las expectativas, afectado principalmente por estrategias tarifarias agresivas y una demanda menor a la prevista.
Los factores y desafíos
Aquí, cabe destacar que aún antes del inicio del torneo, la American Hotel & Lodging Association’s (AHLH), advirtió de los diversos desafíos para el sector como lo fueron: nuevos impuestos, incremento de costos operativos, retrasos en la emisión de visas, largas filas en los controles migratorios, cancelaciones de reservas y el aumento en los precios del combustible aéreo.
A esto, se suma el endurecimiento migratorio de Donald Trump impidiendo la entrada a aficionados de países de Haití, Senegal, Irán y Costa de Marfil, además de las restricciones para viajeros de Argelia, Brasil, Cabo Verde, Colombia, Egipto, Ghana, Jordania, Marruecos, Túnez, Uruguay y Uzbekistán, amenazándolos con prohibiciones parciales de viaje y congelación de visados, donde incluso jugadores y miembros del cuerpo técnico de algunos equipos, tuvieron que hacer largas colas en inmigración para entrar al país.
No obstante, uno de los factores más cuestionados por el sector hotelero norteamericano fue la obstinada estrategia anticipada de bloqueo masivo de habitaciones para lo que se suponía era el personal de la FIFA. Donde miles de cuartos fueron reservados y posteriormente liberados cuando ya era demasiado tarde para que muchos hoteles recuperaran esas ventas.
Tan solo en Filadelfia se liberaron alrededor de 2,000 habitaciones, mientras que en ciudades como Boston, Dallas, Kansas City, Los Ángeles y Seattle se canceló hasta el 70% del inventario previamente bloqueado, afectando directamente la capacidad comercial de los hoteles.

Donde Nueva York, representa uno de los casos más ilustrativos, pues mientras la FIFA proyectaba la llegada de 1.2 millones de visitantes y una derrama para el sector de 100 MMD, y donde la asociación local hotelera redujo considerablemente dichas expectativas, teniendo que salir el director ejecutivo de este organismo, Vijay Dandapani, a admitir que la ciudad tendría suerte si lograba atraer una ocupación siquiera, de un tercio de los visitantes previstos inicialmente.
Un desempeño desigual entre ciudades
Según Wouter Geerts, director de investigación de mercado de Mews, plataforma tecnológica líder para la hotelería que opera en más de 4,000 propiedades en 85 países, y se especializa en la optimización de operaciones de los hoteleros más modernos del país. Destacó que durante los primeros 10 días de la justa mundialista los resultados arrojaron picos estadísticos preocupantes en cuanto a la dinámica de reservas y precios de los hoteles estadounidenses, por lo que:
Nueva York: Luego del inicio de la fase de grupos, la ocupación registró un punto porcentual inferior al del año pasado, con tarifas que aumentaron un 24 %. Y donde las reservas anticipadas para las rondas eliminatorias se situaban apenas por hoy encima de las de 2025.
Miami: Aquí la ocupación se disparó 22 puntos porcentuales durante en los primeros 10 días del Mundial en
comparación con el año anterior, como resultado de las agresivas tarifas establecidas antes del torneo. Pasando de tarifas diarias promedio (ADR) con máximos de $3,882 dólares a mínimos de alrededor de $370 dólares. Alcanzando apenas números de recuperando a los niveles de 2025. Esperando reservas de última hora, a medida que la ciudad alberga partidos de semifinales, así como el partido por el 3er. y 4° lugar.
Los Ángeles: Durante los primeros 10 días del Mundial, la tarifa media diaria (ADR) aumentó un 29 %, situándose en un rango de precios de 354 a 375 dólares, con un hospedaje prácticamente estable. Por lo que durante las eliminatorias, la ocupación superaría ligeramente los números del año pasado. Manteniendo una pernocta sin cambios frente al año anterior.
Filadelfia: La ocupación mostró una tendencia positiva, con un aumento de 18 puntos porcentuales respecto al año anterior, esto debido en gran parte a factores estructurales, como el haber sido sede de un partido de la fase eliminatoria entre Paraguay y Francia, pero principalmente por su sólida demanda cultural e histórica, más que por el efecto directo del Mundial.
En términos generales, la demanda hotelera nunca alcanzó los niveles previstos y argumentados por la FIFA. Aunque las tarifas promedio diarias aumentaron entre un 20 y 70 % en varias ciudades sede, los niveles de ocupación fueron considerablemente menores a los esperados, obligando a numerosos hoteles a reducir precios conforme avanza la competencia.
Entre las posibles explicaciones de este decremento, destacan que muchos aficionados optaron por hospedarse en ciudades cercanas o eligieron alternativas de alojamiento más económicas.
Un caso particularmente llamativo fue Vancouver, donde la ocupación hotelera cayó cerca del 50% el 18 de junio —comparada con el mismo día del año anterior—, pese a albergar un encuentro de la selección anfitriona, lo que evidencia que una parte importante de los asistentes no utilizó hospedaje tradicional.
A ello se sumó otro indicador poco habitual para un evento de esta magnitud: durante la primera semana del torneo todavía existían boletos disponibles para diversos partidos, situación atribuida al incremento en los precios y al escaso interés generado por algunos encuentros.
Airbnb, uno de los principales beneficiados
Mientras numerosos hoteles enfrentaban una demanda inferior a la prevista, el mercado de alquileres de corta estancia mostró un comportamiento más favorable.
Ciudades como Nueva York, Oakland, San Francisco y San José/Palo Alto registraron ocupaciones superiores al 90% entre el 18 y el 20 de junio, coincidiendo con partidos de selecciones como Brasil, Paraguay y Estados Unidos.
Los datos sugieren que una parte importante de los visitantes prefirió plataformas como Airbnb frente a la hotelería tradicional, atraída por precios más competitivos y una mayor flexibilidad de alojamiento.
En conjunto, los primeros resultados del Mundial 2026 reflejan que el impacto económico para la hotelería, estuvo muy por debajo de las promesas realizadas por la FIFA. Más allá de algunos casos de éxito aislados, el torneo evidenció que las expectativas generadas por el organismo del futbol mundial fueron considerablemente más altas que los beneficios reales obtenidos por buena parte de la industria hotelera en Estados Unidos.
























