La inminente ruptura de la alianza entre Aeroméxico y Delta Air Lines enciende las alarmas en la industria aérea y en el ámbito económico de México y Estados Unidos. Esta colaboración, vigente desde 2017, ha permitido la operación conjunta de rutas, coordinación de precios y optimización de frecuencias; lo cual ha beneficiado tanto a las aerolíneas como a los pasajeros que viajan entre ambos países.
Sin embargo, recientes decisiones del Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) amenazan con terminar esta cooperación; bajo el argumento de que México no ha cumplido con ciertos compromisos establecidos en el acuerdo bilateral aéreo.
El principal desacuerdo gira en torno a la gestión de los horarios de despegue y aterrizaje (slots) en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y al traslado de operaciones de carga al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Estados Unidos argumenta que, estas medidas mexicanas han reducido la capacidad y el acceso de las aerolíneas estadounidenses; distorsionando la competencia en el mercado de transporte aéreo transfronterizo.
A raíz de esto, el DOT ha considerado retirar la inmunidad antimonopolio que protege el acuerdo entre Aeroméxico y Delta; lo que supondría el fin de la alianza y la suspensión de la cooperación comercial en varias rutas clave.
Repercusiones a bordo
Esta posible ruptura tendría un impacto significativo en la conectividad aérea entre México y EU, uno de los corredores más transitados a nivel internacional. La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha alertado sobre posibles pérdidas de empleos, reducción en el desarrollo de negocios y afectaciones en las cadenas de suministro. Además, destacan que la alianza ha contribuido a ofrecer precios más competitivos, una mayor variedad y calidad en las opciones de viaje; así como beneficios ambientales derivados de una mayor eficiencia operativa y menor emisión de CO2 por pasajero.
Desde su inicio, la alianza ha impulsado la creación de nuevas rutas y ha aumentado la capacidad de vuelos en un 22%, fortaleciendo la competencia frente a otras aerolíneas grandes como American Airlines, United y Volaris, que tienen cuotas de mercado similares. Aeroméxico y Delta subrayan que la eliminación del acuerdo no solo perjudicaría la conectividad, sino también elevaría los costos para los consumidores, afectando especialmente a pasajeros frecuentes, comunidades y sectores económicos vinculados con el turismo y el comercio entre ambos países.
Las aerolíneas han solicitado al DOT que extienda el plazo para responder a la orden de desmantelamiento de la inmunidad antimonopolio hasta marzo de 2026, buscando más tiempo para negociar y presentar argumentos en defensa de su cooperación. Líderes del sector aéreo y asociaciones como la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) hacen un llamado para que las autoridades de ambos países analicen la situación con un enfoque en la estabilidad y previsibilidad regulatoria, aspectos fundamentales para la planeación estratégica y operativa del sector.


La controversia refleja un conflicto más amplio entre la regulación mexicana y las políticas de EU en materia aérea, con implicaciones que van más allá de las dos aerolíneas involucradas. La decisión final del DOT no solo definirá el futuro de la alianza, sino que también marcará el rumbo de la competitividad y conectividad entre dos países que históricamente han estado estrechamente vinculados por el intercambio económico y social.
De concretarse la ruptura, el sector aéreo se enfrentaría a una reducción considerable del número de vuelos, ajustes en horarios y la necesidad de buscar nuevas estrategias para mantener rutas y servicio al cliente. Mientras tanto, la industria y usuarios siguen atentos y esperan que prevalezca el diálogo para evitar un impacto negativo que afecte la movilidad, el empleo y el desarrollo económico asociado con la enorme interacción entre México y EU.
LEE TAMBIÉN: Crisis hídrica y liderazgo femenino: WESS 2025

























