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En pocos días, la emergencia sanitaria pasó a ser una conmoción bursátil que derivó en una recesión económica declarada por el Fondo Monetario Internacional.

El crack bursátil que inició el 19 de febrero, fecha en que se expandió por más países el contagio del Covid-19, marcó el principio de una recesión mundial que había sido anunciada 18 meses atrás.

El panorama de la economía global ya estaba deteriorado previo a la pandemia del Covid-19. En diferentes partes del mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos, la economía ya respiraba con dificultad.

Por ejemplo, las tasas reales de interés del 85 % de los bancos centrales de los países de la OCDE, ya eran negativas; la deuda pública de los Estados Unidos, representa el 105 % de su PIB. En pocas palabras, Norte América, desde hace varios meses, debía más de lo que produce.

En Europa, la economía italiana estaba en quiebra, junto con la de otros países del continente; el principal banco de Alemania, el Deutsche Bank, estaba apunto de quebrar debido al incumplimiento de los países europeos que este banco había financiado. Asimismo, Reino Unido, implemento el Brexit como medida de defensa para su economía.

En México, el anhelo era que la economía podría estar mejor de no ser por López Obrador. La realidad es que solo era un auto engaño, pues la economía global, ya se venía enfriando desde hace dos años y el Covid-19, solo fue un catalizador para derrumbar los mercados financieros mundiales.

El inicio del contagio de Covid-19 en Wuhan, disparó en automático las “acciones” de preservación en los Estados Unidos. Las primeras decisiones, fueron frenar las importaciones provenientes de China, posteriormente, cerraron los vuelos provenientes del país asiático y de Europa, y en menos de dos semanas, Estados Unidos, había frenando prácticamente todas sus actividades económicas.

El frenón que estas decisiones generaron en la economía mundial, dieron paso a la inyección de liquidez sin precedentes para apoyo a los trabajadores y personas desempleadas en ese país. Esta medida, normalmente es implementada en economías quebradas.

De hecho, el ofrecimiento de créditos y apoyos a los países por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), nos dejan entre ver la magnitud de la crisis que enfrentará la economía global una vez superada la contingencia sanitaria.

Hasta el momento, de acuerdo con cifras del FMI, 80 países han solicitado los apoyos del banco para hacer frente a la crisis del Covid-19, pero es posible que conforme se deje atrás la contingencia sanitaria, más gobiernos harán uso del billón de dólares que el organismo tiene a disposición.

De hecho, se estima que la ortodoxia económica para mantener el superávit primario de los gobiernos, pasará a segundo término bajo las condiciones actuales, por lo que casi todos los países aumentarán su deuda al tomar los créditos ofrecidos.

En pocas palabras, las calificaciones de riesgo pasarán a segundo término, pues nos encontramos ante un panorama en donde es posible que las deudas de algunos países sean condonadas.

En México por lo pronto, el gobierno junto con la FED ( por sus siglas en inglés Federal Reserve System), emitieron una línea de fondos swaps para garantizar la liquidez y el intercambio de dólares para que las empresas hagan frente a sus obligaciones en esa moneda.

Es difícil establecer en este momento, qué tan profunda será la caída de la economía global, incluso, ya hay quienes hablan de la necesidad de implementar medidas de economía de guerra, que significa poner en marcha programas de asistencia social en los países más golpeados por la crisis.

Por lo pronto, será un hecho que en las próximas semanas, veamos a México y otras naciones, incluidos los Estados Unidos, tomando los créditos ofrecidos para hacer frente a sus requerimientos internos.